Diez tintos manchegos que ya no caben en el tópico
Por Andrés Pelayo · Fotografía de Mar Sáez
22 min de lectura · 5 de abril de 2026
La altitud, la viña vieja y un puñado de cooperativas tercas están reescribiendo lo que entendíamos por La Mancha.
Durante décadas, decir «vino manchego» era una manera elegante de decir «vino barato». Hoy, una nueva generación de bodegas (algunas con más de un siglo de historia) está empujando las cosas en otra dirección. La altitud, la cencibel de viña vieja y unas cooperativas que se niegan a homogeneizar están reescribiendo el mapa.
Los diez vinos que recoge esta selección comparten tres rasgos. Primero, la altitud: ninguno está por debajo de los 600 metros. Segundo, la vendimia: todos a mano, en cajas pequeñas. Tercero, una crianza más corta de lo que cabría esperar, que privilegia el carácter del año por encima de la barrica.
Hemos catado todas las botellas a ciegas, en una sola sesión, durante una mañana en Atlas Madrid. Cuatro críticos, doscientas copas. Las notas que siguen no buscan vender, buscan ordenar.
01. Puente de Rus, tinto de guarda 2019. Cencibel viejo de la cooperativa de San Clemente. Catorce meses en barrica francesa, doce más en botella. Una boca larga, sostenida, sin estridencias. Nada de notas dulces de roble. Final mineral.
02. Verdejo de altura, en lías 2024. El blanco de la misma casa. Fermentado en barrica nueva, cuatro meses sobre lías finas. Más untuoso de lo que su precio sugiere. Beberlo joven.
(El resto de la nota, en la edición impresa.)
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